Las 200 Viviendas
Corren tiempos en los que cualquier argumento, válido o no, sirve para tratar de hacer el máximo daño al enemigo político, sin importar lo más mínimo las certezas, la realidad y la complejidad del problema. Se habla sin argumentos, se trata de poner el dedo en la llaga, pero no se coloca sobre la mesa la sutura necesaria, ni la pertinente aguja para cerrar el sangrado y caminar en la senda de la normalidad, de lo cotidiano, de la vida en definitiva.El miércoles asistí, atónito, al Pleno que celebraba el Ayuntamiento de Roquetas y al debate en torno a la situación que se vive en el barrio de las “200 Viviendas”, una zona que ha pasado en pocos años de ser un lugar de trabajadores, de obreros, de inmigrantes llegados para buscar una vida mejor, a uno de los distritos de la ciudad con más problemas. Problemas alentados por la “okupación” deelementos que lo han convertido en una pequeña ciudad sin ley.Escuchar a unos y otros lanzarse a la yugular del gobierno municipal, sin soluciones precisas y prácticas para atajar el problema me confirmó que ya estamos en campaña electoral y eso que aún falta casi un año para que los vecinos voten. Decía Sabina en una de sus míticas canciones, “Como te digo una co... te digo la o” , que el problema vasco era complicado. No se resolvía de un plumazo y mucho menos por arte de “birli-birloque” como ahora pretendemos hacer con Ceuta. Las soluciones llegan con planificación, duro trabajo y laimplicación de todas las administraciones con competencias.La Policía Local de Roquetas, sola, no puede afrontar el problema de un barrio como “Las 200”. Se hace necesario que otros cuerpos de seguridad, como la Guardia Civil, incremente presencia y que las redadas sean más continuas para que la sensación de seguridad se instale en el barrio. Pero no será suficiente. Es preciso un plan de reforma y mejora de calles, soluciones habitacionales y edificios capaz de revertir una situación que camina hacia una meta no deseada por nadie.La pérdida de 5 millones de euros de Europa por la incapacidad de crear asociaciones que sean capaces de planificar el futuro, es la crónica de un fracaso. Sobran, por tanto los “Ramonets” de turno vendiendo mantas a 1.000 pesetas (6 euros par los más jóvenes), cuando la realidad es que al meterlas a la lavadora no se la puedes poner ni la cuna de la muñeca.