El Algarrobico, el derribo vuelve a retrasarse
El miércoles, 17 de junio, el Pleno del Ayuntamiento de Carboneras volvía a provocar un nuevo tsunami en las aspiraciones de los ciudadanos de esta provincia de ver caer el Algarrobico. Los concejales socialistas, aliados con el exalcalde del PP, votaban en contra de anular la licencia de obra que se concedía hace 20 años. El 7 de julio, casi un mes después, y tras el ultimátum del Tribunal Superior de Justiciade Andalucía TSJA), por fin, la licencia quedaba anulada dos décadas después. Una condición indispensable para avanzar en esta trama burocrático-urbanística en la que está envuelto el mamotreto desde hace demasiado tiempo.El mandato judicial del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) abre un nuevo tiempo. Y es que la maraña judicial en la que está envuelta la construcción desde hace cuatro lustros ya amenazaba con seguir enquistada “per sécula secolurum”, pese a los esfuerzos del Gobierno Central por una parte y de la Junta de Andalucía por otro. En más de una ocasión he escrito que la solución no pasa sólo por el proceso judicial. La clave está en conocer la indemnización que debe percibir la empresa constructora, Azata del Sol y quienes serán los pagadores finales de este desaguisado urbanístico que nunca debió comenzar a construirse. Los sueños turísticos de un alcalde como Cristóbal Fernández, con el apoyo incondicional de todos los actores de entonces implicados, nos ha llevado a un callejón sin salida, en el que cada paso mediático parece que nos acerca un poco más a su derribo, cuando la realidad dista aún mucho de conducirnos al fin. Resulta paradójico, no quiero expresar adjetivos más gruesos, como la ministra de Hacienda y luego candidata del PSOE a la Junta de Andalucía, llegó y plantó el 10 de febrero de 2025 su atril en las obras y anunciaba, a bombo y platillo y sin red, que el hotel se derribaría en seis meses. Dicho y hecho pensó la ministra. Ha pasado año y medio y seguimos igual. Palabras huecas a la búsqueda de titulares. Montero ya no es ministra, ha llevado al PSOE a sus peores resultados electorales en Andalucía, parece que se quedará, -no está claro- cuatro años de portavoz, pero por si acaso será senadora por la Comunidad Autónoma. Y mientras, los ciudadanos seguimos pasando por la carretera que une Carboneras con Mojácar y la vista sigue fija en un armatoste, símbolo del desarrollismo salvaje que ha convertido la costa española, en muchos casos, en paisajes de adefesios, que dañan la vista.