El PSOE, un espectro
La tormenta perfecta se ha instalado, y parece que llega para quedarse, en las entrañas de un partido histórico como es el socialista. Los casos de presunta corrupción -todavía no se ha juzgado ninguno y tampoco se ha condenado a los muchos imputados- amenazan con reducir a cenizas a una fuerza política que ha sido, junto con el centro-derecha, la protagonista de los cincuenta años de democracia que los españoles nos dimos cuando aprobamos la Constitución en 1978.
El PSOE ya no lo conoce nadie. Se ha convertido en un espectro que vaga por las instituciones como alma en pena, a la espera que escampe, y con la esperanza de frustrar la tenaza que se adhiere a demasiados cargos señalados por sus actuaciones, digamos poco éticas.
Cualquier conversación con viejos dirigentes, aquellos que en su día lucharon por el regreso de la democracia desde las fronteras de la dictadura, se llevan las manos a la cabeza, bajan la mirada, añoran los tiempos de vino y rosas y reniegan de lo que se ha convertido un partido con más cien años de historia.
Esto no va de ideologías. Esto va de hechos, de actuaciones policiales, de sumarios de hasta cuatro mil folios como el realizado por el juez Calama por la trama del rescate de la aerolínea venezolana Plus Ultra. Esto va de decencia o de indecencia. Esto va de llegar a la política para servir a los ciudadanos o llegar a la política para servirse de ella. Esto va de dignidad o indignidad. Esto va de coherencia política, de ejercicio de democracia, de buscar el momento de lucidez necesario que lleve a Pedro Sánchez, tal y como le ha pedido el presidente castellano-manchego, Emiliano García Page o el propio Felipe González, a darle la palabra a los ciudadanos y que expresen libremente sus preferencias.
Seguir en las trincheras sólo puede agravar la situación irrespirable que este país está soportando y que los ciudadanos no nos merecemos. Incluso, creo, que el presidente y secretario general del PSOE debe pensar en su partido y poner tierra de por medio antes de que quede reducido a la nada, como ya ocurriera en Grecia en su momento con el PASOK de Papandréu o en Francia con el PS de los herederos de François Mitterrand.
Añadir comentario
Comentarios