Mesa por la convivencia
La inmigración se ha convertido en el caballo de batalla de aquellos que se sienten amenazados por los que llegan a Europa buscando un futuro mejor. El granero de votos para unos y la pérdida para otros es el mejor reflejo del encanallamiento social en el que vivimos, en la búsqueda de atajos para alcanzar el poder y, lo que es más grave, en como se juega con nuestros semejantes para alcanzar objetivos.
Y lo cierto es que les debe de estar funcionando, porque su uso permanente contribuye, y de qué manera, al ascenso de unos y al deterioro de los otros. El choque de culturas que se avecina es lo de menos, sí la meta es el poder. Gran error.
Roquetas, con sus problemas, que los hay, es el ejemplo perfecto de lo que hablo. Crisol de nacionalidades, con más de cien conviviendo en la ciudad, ha sido capaz de sortear tensiones en la misma medida que otros tratan de alentarlas, en la búsqueda de intereses más o menos espúreos. El último Pleno ha sido un fiel reflejo de la reflexión que les propongo. Poner en el escenario ciudadano una Mesa por la Convivencia es un exponente claro del devenir que se avecina.
Muy difícil resultará que desde un órgano de este tipo se trabaje por el bien común, por la integración, por la convivencia y por la resolución de problemas. Quiero ser crédulo y lo acepto como tal. Pero mucho me temo que más pronto que tarde nos encontraríamos con un foro de debate, los más parecido a las comisiones de investigación que todos buscan, en lo que lo menos importante es aclarar lo sucedido, sino ‘enmierdar’ al contrario y hacer marketing político de cara a la galería.
En el caso que nos ocupa abogo por el trabajo sordo y callado, sin maracas sonando como altavoz de diferencias, cuando lo que se buscan son soluciones a problemas muchas veces irresolubles, pero capaces de aportar dosis de convivencia y de normalidad, muchas veces muy difíciles de alcanzar.
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