De insultones y lenguas viperinas

Publicado el 13 de febrero de 2026, 9:59

De insultones y lenguas viperinas

El ejercicio de la política, por desgracia, se ha convertido en el el paraíso de los deslenguados, insultones y viperinos. Elevar el tono rayando la mala educación es, por desgracia, el argumento de los que han llegado a ese ejercicio noble creyendo que el matonismo de barrio y el lenguaje propio de El Vaquilla o El Torete, son el condimento y caldo de cultivo para que las redes sociales, tu público y tus seguidores, te aplaudan, admiren y quieran imitarte. Peligroso.

Tu pueblo, tu ciudad, tu provincia, tu comunidad o tu país importan poco. Pasa a un segundo plano cuando la consecución de tus objetivos, tus intereses o los de tu grupo se sitúan por encima de la resolución de los problemas de tus vecinos. Gran error.

Escuchar a estos profesionales de la mala educación en los foros que nos representan, da igual el Congreso de los Diputados, el Parlamento Andaluz o el pleno del Ayuntamiento de tu pueblo, soltar por sus bocas ‘sapos y culebras’, es un ejercicio censurable, poco edificante y alejado de la democracia que los españoles nos dimos en 1978. Preocupante.

De un tiempo a esta parte hemos olvidado los conceptos básicos de la democracia que nos ha permitido convivir en paz, aunque con altibajos, el último medio siglo. Aquello de “tu libertad termina donde empieza la mía” ha sido mandado al carajo por los populismos que nos invaden, alentados por los bulos en las redes, para situarnos al borde de un colapso que ellos, no lo duden, lo aprovecharán para imponer ideas, taladrar los cimientos de la democracia y aprovecharse de los incautos que, aún hoy, creen que su ascenso significará alcanzar el mundo de jauja, en el que todos sus problemas y anhelos se verán satisfechos. Ilusos.

Un ejemplo reciente. En el último Pleno de Roquetas, desde la bancada de Vox, se llamó ‘cobarde’ a un edil del equipo de gobierno y para completar la faena, se llegó a calificar de “mafiosa” la gestión. Todo ello, claro está, sin pruebas y bajo el paraguas del “calumnia que algo queda”. El alcalde, por el bien de las instituciones, cortó de raíz la provocación que, como les decía al principio, sólo busca el beneplácito de incultos, antisistemas y almas cándidas. No se dejen embaucar.

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