Abastecimiento y saneamiento: la inversión que no se ve
La renovación de las redes de abastecimiento y saneamiento en ciudades y pueblos es, con seguridad, el dinero mejor gastado. La inversión económica en ambas infraestructuras se me antoja básica para el ahorro de agua. Así se evita la pérdida de millones de litros de líquido elemento en una provincia, como la nuestra, donde la sequía es pertinaz, recurrente y persistente. El saneamiento es el otro caballo de batalla municipal. Con excesiva frecuencia, más de la debida diría yo, nos encontramos con atascos en tuberías, roturas evitables, humedades prolongadas y malos olores perennes.
Es habitual que desde los municipios se trabaje, con más o menos celeridad, con más o menos convencimiento o con más o menos asiduidad, en la renovación, cómo les decía, de ambas redes en nuestras plazas y calles, siempre demasiadas, en las que las pérdidas son mayores y los problemas son recurrentes.
No todo, sin embargo, es color de rosa. Los gestores municipales se enfrentan a un dilema complejo de resolver. El gasto es necesario. La renovación de redes de abastecimiento y saneamiento no puede esperar, pero levantar las calles genera molestias a los vecinos y críticas de los negocios ubicados en las zonas afectadas. La presión, en muchos momentos, es tal que puede llevar a desistir o a pensarlo en más ocasiones de las necesarias, creyendo que los trabajos pueden esperar.
Y hay un elemento más, también de peso, para que los responsables municipales se lo piensen, y muy bien, antes de enfrentar obras de este tipo. Y no es otro que él escaso rédito político que este tipo de inversiones tiene de cara a potenciales votantes. Podrán ustedes argumentar que es una visión espúrea de la gestión. No lo niego. Aunque todos los parámetros son importantes. El servicio a los vecinos es lo primero, pero de forma paralela hay que trabajar en contentar a los votantes. Las elecciones son cada cuatro años y es prioritario renovar su confianza. Y no me negarán, que en esté tipo de proyectos, y nunca mejor dicho, siempre es un dinero que se entierra, no se ve y no luce.
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